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Kleber Exkart

CÍRCULO DE DANTE

Tanto te amé, tanto te quise, que hasta mi madre
en el soneto de su ruego quiso que te olvidara
y yo temiendo morir de amor cuadre
los tiempos para que mi corazón se enamorará.

Quedé con mi corazón de no verte.
Bastante es el hastió del olvido
que a los recuerdos eche suerte
para que no despierten el dolor recogido.
 
Si acaso las plantas de tus pies
recuerdan el sendero de tu ominoso camino
diles que la cosecha de la mies
ha dejado solo abrojos y hace tiempo terminó.
 
No insistas con plegarias y ruegos
que los dioses no escuchan tus cantos
Habrás prendido a tus barcas fuegos
y a tus campos habrás regado con llantos.
 
En la vasija de tu pecho
el roció ha hecho un lago
donde yacen mustios a despecho
mis besos muertos por el letargo.
 
Hoy llene mis cuencas con toda el agua flora
de los caminos y sitios que visitamos ruidosos.
Tú eras la bella ninfa de azahares que otrora
vestía de finos linos y piedras de embelesos.
 
Tanto te amé, tanto te quise, que hasta mi madre
en el soneto de su ruego quiso que te olvidara
y yo temiendo morir de amor cuadre
los tiempos para que mi corazón se enamorará.
 
Así llegaron los días de largas caminatas
con el sol quemando tu piel y mi corazón en llamas.
Preludio de aciagos días en las que tus bravatas
desconsolaban los altares y te preguntabas ¿si me amas?
 
Fuimos bajando el círculo de Dante
observando los resquicios de los desquiciados.
Nadie por amor muere solo es el ocaso del danzante
que espera a su amada en los rincones olvidados.
 
Abrázame, desnúdame, haz de mi tu soliloquio;
soy el azafrán de tus sueños, la viga de tu columna.
Soy el murmullo. Un grácil y liviano obsequio
del tiempo que no volverá, aunque tientes a la fortuna.
 
Las aureolas morenas de tus senos
se hinchan agraviadas por el licor de mis néctares
danzan frenéticas al ritmo pasional de eternos
compases de voces que invitan a olvidar los avatares.
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