José "El Negro" Muñoz nació en México en los primeros años del siglo XX. Dos adversidades casi insalvables le impidieron estudiar: Ser pobre y el inicio de la Revolución Mexicana ("La Bola", como le llamamos aquí). Su pasaporte a la trascendencia lo encontró gracias a una arriesgada profesión que en la actualidad no es bien vista por la mayoría, pero que antaño daba gloria, prestigio o muerte trágica, según el destino, "El Negro" Muñoz se hizo torero y esto le dio la oportunidad de conocer España y muchos rincones del mundo. De innata curiosidad intelectual, no gastó su éxito en frivolidades y procuró rodearse de personas sabias para compensar, por influencia, la educación que no pudo tener. Fue amigo de Federico Gracía Lorca, Pablo Neruda y gran parte de los Poetas de la Generación del 27.
"El Negro" fue testigo de momentos cumbre en la historia de la Literatura en lengua castellana, presenció el nacimiento de la legendaria revista "Caballo verde" que el ya citado bardo chileno y universal fundó en la Madre Patria. Charlar con él era una experiencia memorable por tantas anécdotas que compartía. Desde luego también conoció en persona al Poeta Nicolás Guillén, por cierto que los dos se parecían mucho. Por su piel oscura y cabello blanco, producían esa inevitable impresión de ser "fotografías en negativo".
Todo esto viene a cuento con el poema que hoy nos ocupa, porque José "El Negro" Muñoz, una vez en decadencia como matador y tras una breve incursión como taquero a la salida de la Plaza México, lugar de sus glorias pasadas, se convirtió en un excelente declamador y difusor de la cultura y a muy avanzada edad viajaba por todas las escuelas técnicas del país dando vida, con su imponente voz, a los más bellos poemas y compartiendo la emocionante leyenda que había sido su vida. Así lo conocimos quien esto apunta y mis compañeros estudiantes de ingeniería. Atesoramos su autógrafo, su recuerdo y cientos de historias que nos compartió su pródiga charla.
El poema "Mulata" en particular, adquiría toda su magia verbal cuando lo interpretaba "El Negro"; ya hemos apuntado que se parecía demasiado al gran Poeta de Camagüey y toda la audiencia nos hacíamos la ilusión de que este era aquel, declamando su propio poema.
Como resalta ante los sentidos del lector, esta obra ofrece muchas posibilidades histriónicas y el torero recitador lo interpretaba con una gracia inigualable, Tenemos entedido que a Nicolás Guillén le encantaba escucharlo, quizá pudo encontrar en la voz de ese hombre sencillo, tan semejante a él y al personaje creado en su poema, el sentimiento genuino que lo inspiró a escribirlo. La expresión sincera de su gente, los habitantes de su amada isla... La voz de su Pueblo que es la voz clara de todos los Pueblos de América Latina. La potente elocuencia de todos los humildes dispersos por el mundo.
Alfredo Jiménez G.
8aJosé "El Negro" Muñoz nació en México en los primeros años del siglo XX. Dos adversidades casi insalvables le impidieron estudiar: Ser pobre y el inicio de la Revolución Mexicana ("La Bola", como le llamamos aquí). Su pasaporte a la trascendencia lo encontró gracias a una arriesgada profesión que en la actualidad no es bien vista por la mayoría, pero que antaño daba gloria, prestigio o muerte trágica, según el destino, "El Negro" Muñoz se hizo torero y esto le dio la oportunidad de conocer España y muchos rincones del mundo. De innata curiosidad intelectual, no gastó su éxito en frivolidades y procuró rodearse de personas sabias para compensar, por influencia, la educación que no pudo tener. Fue amigo de Federico Gracía Lorca, Pablo Neruda y gran parte de los Poetas de la Generación del 27. "El Negro" fue testigo de momentos cumbre en la historia de la Literatura en lengua castellana, presenció el nacimiento de la legendaria revista "Caballo verde" que el ya citado bardo chileno y universal fundó en la Madre Patria. Charlar con él era una experiencia memorable por tantas anécdotas que compartía. Desde luego también conoció en persona al Poeta Nicolás Guillén, por cierto que los dos se parecían mucho. Por su piel oscura y cabello blanco, producían esa inevitable impresión de ser "fotografías en negativo". Todo esto viene a cuento con el poema que hoy nos ocupa, porque José "El Negro" Muñoz, una vez en decadencia como matador y tras una breve incursión como taquero a la salida de la Plaza México, lugar de sus glorias pasadas, se convirtió en un excelente declamador y difusor de la cultura y a muy avanzada edad viajaba por todas las escuelas técnicas del país dando vida, con su imponente voz, a los más bellos poemas y compartiendo la emocionante leyenda que había sido su vida. Así lo conocimos quien esto apunta y mis compañeros estudiantes de ingeniería. Atesoramos su autógrafo, su recuerdo y cientos de historias que nos compartió su pródiga charla. El poema "Mulata" en particular, adquiría toda su magia verbal cuando lo interpretaba "El Negro"; ya hemos apuntado que se parecía demasiado al gran Poeta de Camagüey y toda la audiencia nos hacíamos la ilusión de que este era aquel, declamando su propio poema. Como resalta ante los sentidos del lector, esta obra ofrece muchas posibilidades histriónicas y el torero recitador lo interpretaba con una gracia inigualable, Tenemos entedido que a Nicolás Guillén le encantaba escucharlo, quizá pudo encontrar en la voz de ese hombre sencillo, tan semejante a él y al personaje creado en su poema, el sentimiento genuino que lo inspiró a escribirlo. La expresión sincera de su gente, los habitantes de su amada isla... La voz de su Pueblo que es la voz clara de todos los Pueblos de América Latina. La potente elocuencia de todos los humildes dispersos por el mundo.