Se esfumaron los sueños de las tardes de agosto,
se agostaron las flores de tanto hacer soñar.
Adiós, verano amigo, te esperaré gozoso
mientras muere el estío y las flores del mal.
Retocé entre las piedras en la bajada al rio,
encontré otros amores sumergido en el agua,
sueños que lleva el aire al monte del olvido
y carquesas candentes que me abrasan el alma.
Nunca más volvería a otros montes iguales:
Romero, tomillo y jara y aquel sol placentero
iluminando el aura de tu faz en el valle.
Aquel mirar sereno auspiciando el deseo.
Hoy, desde el jardín amado que me inspira en la tarde,
las nubes pasajeras me transportan al silo
donde escondí los sueños, los gozos y el alarde,
esperando entre nubes no abrazar el olvido.