Andábamos perdidos, tan unidos por dentro,
libando la ambrosía de una vida perenne.
¿Qué pudo acontecer en la esquina del tiempo?
¿Quién levantó la losa esperando la muerte?
De pronto me encontré perdido ante la ausencia
del alma, que entendió cuán grande era mi pena.
Me guarecí en la cueva, huyendo de la niebla,
buscando la quietud que el recuerdo se lleva.
Si estuvieras aquí ¿Cómo sería la noche?
¿Soñaríamos paisajes cuajados de silencio?
Tal vez, de alguna forma, la algarabía se esconde
en el paraje yerto que soñamos despiertos.
Pasados muchos años, tu figura acompaña
mi vagar por el mundo cuando llega el silencio.
Siento que tu presencia es todo lo que falta.
Mientras, tu aura vuela a través de los vientos.