Quiero admirar la hermosura
de tu piel iridiscente,
la esbeltez de tu cintura
y el fulgor del sol naciente.
Contemplar con embeleso
el brillo de tu mirada,
tus ojos cual dos luceros
y el resplandor de tu cara.
Juegos que enmarcan la tarde
bajo la luz del deseo,
soportando el sol que arde
mientras se escapa algún beso.
¡Cuánto diera por volver
a aquel huerto de naranjos,
contemplando anochecer
adormecido en tus brazos!