Estando junto a ti yo quiero hablarte,
llegando a mi cuerpo temblorina;
tiemblo cual si fuera gelatina
tan sólo del deseo de besarte.
Y si aún así quiero abrazarte
y disfrutar las horas vespertinas,
mi corazón tendré cual mandarina
que en gajos te daré al adorarte.
Pensando en ti paso las horas
del día y no duermo por la noche,
haciendo de mi amor todo un derroche
de ilusiones y poemas que enamoran.
Escucha, por favor, en esta noche
lo que este corazón tanto te implora.