Si acaso me dejases algún día,
la angustia de perderte mataría
las ganas de ponerte en poesía
las cosas que me salen a porfía;
hasta el sol para mí se apagaría,
dejándome indefenso en esa umbría
de quien no tiene amor y moriría
la ilusión que me diste. Sentiría
vacuidad tenebrosa en mi alcancía
por quedar sin objeto, ya vacía,
porque si te marchases ¿quién sería
capaz de ilusionarme todavía?
Como a nadie, seguro, encontraría,
ojalá no me dejes, alma mía.
Por tu amor, qué no haría,
que incluso al mismo cielo subiría
y hasta la misma gloria te traería.