Mi nombre escucho en un clamor de voces
tratando de llamarme la atención,
como diciendo: ven para que goces
de mi cuerpo, no pierdas la ocasión.
Suenan a cantos de febril sirena
que en celo ya aguantarse no parece
y con las ganas de placeres llena,
lanza un grito de auxilio que estremece.
No pude contenerme y allá voy
sintiendo que hasta el ánima se exalta,
como un nuevo Quijote, que tal soy,
a componer todo lo que haga falta.
Me gusto tanto, que no dije ni hola
y empecé a devorarla por la cola.