Gentil o hebreo o simplemente un hombre
cuya cara en el tiempo se ha perdido;
ya no rescataremos del olvido
las silenciosas letras de su nombre.
Supo de la clemencia lo que puede
saber un bandolero que Judea
clava a una cruz. Del tiempo que antecede
nada alcanzamos hoy. En su tarea
última de morir crucificado,
oyó, entre los escarnios de la gente,
que el que estaba muriéndose a su lado
era Dios y le dijo ciegamente:
Acuérdate de mí cuando vinieres
a tu reino, y la voz inconcebible
que un día juzgará a todos los seres
le prometió desde la Cruz terrible
el Paraíso. Nada más dijeron
hasta que vino el fin, pero la historia
no dejará que muera la memoria
de aquella tarde en que los dos murieron.
Oh amigos, la inocencia de este amigo
de Jesucristo, ese candor que hizo
que pidiera y ganara el Paraíso
desde las ignominias del castigo,
era el que tantas veces al pecado
lo arrojó y al azar ensangrentado.
Alfredo Jiménez G.
8aJorge Luis Borges comentó también en el "Otro Poema de los Dones" su agradecimiento "Por las palabras que una tarde se dijeron de una cruz a otra cruz". Aborda también el sublime tema en esta obra maestra poética. El hombre desconocido del poema, a quien la tradición le ha atribuido el nombre de "Dimas", es el ser humano más afortunado que ha pisado la Tierra, tiene la inteligencia y la humildad suficiente para aprovechar esa fortuna que el azar le ha deparado. Mientras su compañero de "fechorías" llamado "Gestas" (también por tradición) se une a las burlas hacia el hombre que padece en la patibularia cruz el mismo castigo que ellos, mientras el ladrón agonizante le solicita arbitrariamente que en su condición de Dios se salve y los salve a ellos, "Dimas", acalla esos escarnios y arrepentido solicita a Jesús que se acuerde de él cuando esté en su Reino. Jesús lo premia prometiéndole la magnificencia del paraiso para esa misma tarde. ¡Mayor dicha no se puede pedir! En los Evangelios Apócrifos "Cátaro" y "Armenio" de la infancia de Jesús, aparecen ya estos llamados "ladrones" que pretenden asaltar a los peregrinos José, María y Jesús bebé aún, cuando van rumbo a Egipto, los ángeles impiden la fechoría y se hacce referencia a que estos "criminales" serán quienes padecerán en la cruz con el Redentor en el futuro, se mencionan sus nombres, bien distintos unos de los otros (no los recuerdo ahora), pero si damos crédito a esos escritos, serían unos ancianos para ese tiempo. Lo más probable es que los reos que flanquearon con igual pena capital a Jesús en su martirio, no fueran ladrones, más bien zelotas, guerrilleros en contra de Roma, igual que Barrabás, quien se salvó "de milagro". De cualquier modo, el episodio bíblico es de una belleza excepcioal. Hubo testigos que en su tiempo dieron fe de el hecho, pero se han ido irrmediablemente, lo mismo que el nombre real de "Dimas", porque, como Borges apunta en otro lado: "Hubo un día que cerró para siempre los últimos ojos que vieron a Jesús".