Noviembre /11/2014
Ya sin aliento y al final del camino, ¡lluvia de abril!
En soledad el eco del silencio anida en mí.
Acompañando al viento, la hoja seca se aleja en calma.
Vuela como las golondrinas, vístete de mariposa, envuélvete en la brisa y ven a mí. Déjame ver tu
Con un suspiro, libero tantas cosas, tantas, ¡que floto!
La vieja mecedora, languidece en u… “Todos la miran y nadie la ve” Ni siquiera con el aura de recuerd… Aquella vieja mecedora arropó a mu… Fue testigo y confidente de alegrí…
La rana duerme, tranquilidad nerviosa. ¡Puede saltar!
Croa la rana, salta al oscuro charco. Mira al nenúfar.
Gracias te doy por estar presente en el día a día. Tu amistad sincera es regocijo y aliento.
Cae la tarde y me sorprendo contemplando el ocaso del día, cuando una brisa fría y húmeda me estremece.
El trueno ruge. Y allá en la oscuridad, aúlla el lobo.
Mi querida maestra: Eras una y única nuestra, latía en nuestro corazón, la fe de volverte a ver, sin nosotras poder saber,
¿Que es una nube? algo bello y fugaz que se va o muere. ¿Amor de madre? va en una dirección...
Y esa hoja verde, solitaria y endeble, vaga en el agua.
Es como lluvia que cayéndonos sobre la piel no moja. Es negra oscuridad rebozante de luz.