Hace dos años un catorce de agosto se detuvo el tiempo en una estación. Por un accidente
A veces la veo mirando a la esquina y dice que hay alguien llorando al otro lado de la pared.
Han sido varios días, que percibo como siglos, desde que nuestros caminos tomaron rumbos distintos. Dime quien eres.
Podría esperarte incluso mil años pero no vivo tanto y no puedo perder los años que me quedan por vivir
Vivo escribiendo letras a veces inútilmente, pero saber que me lees hace que quiera escribir lo que guardo en el corazón.
Está mi silencio colapsado por gritos que los recuerdos emiten a medianoche. A veces me despierta
Son tus ojos Negros como la noche Y preciosos como la luna Los que deberían ser míos, Y no de ella.
Hoy te vi y no fui capaz de hablarte, ibas corriendo, bajando las escaleras, con la bufanda al viento.
Ahora no vive solo deja que pasen los días, que el dolor la consuma —porque no puede detenerlo—. Cada día se muere
Me gustaría verte sonreír una vez más, escuchar tu risa, mirarte a los ojos, otra vez.
Yo no sé qué será la felicidad y supongo que nadie lo sabe, pero también supongo que suponen que lo saben. Algunos son felicidad temporal
Yo entiendo bien que quisieras estar conmigo (porque quién no), pero sé muy bien quien jamás estará contigo
Porque cuando no te busco Te encuentro Y cuando no pretendo encontrarte Te veo. Porque jugar a las escondidas
Si supiera lo que sientes o supiera lo que escribes, si conociera quien es aquella por quien tú vives podría escuchar canciones
A partir de hoy, las rosas que se dan en fechas especiales pueden ser para mí tanto memoria