Las sombras murmuran con voces dormidas,
lamentos que flotan en frágil vaivén,
recitan secretos de almas perdidas
y tornan mi mente en oscuro edén.
Susurros antiguos, de tiempos lejanos,
se filtran despacio en mi piel de papel,
me cuentan historias de sueños insanos,
me urgen a escribirlas con tinta y con hiel.
No puedo callarlos, no puedo olvidarlos,
son ecos que laten dentro de mi ser,
demonios que insisten en recordarme
que solo en mis versos podrán renacer.
Así me condeno, poema tras poema,
a darles un cuerpo, a darles mi voz,
y aunque me desgarre en esta diadema,
seguiré escribiendo su eterno sollozo.