Miguel Peñafiel

PARÁBOLA: EL GUERRERO Y LA MONTAÑA DE FUEGO

Parábola

Había una vez un guerrero que había oído hablar de la Montaña de Fuego, un lugar sagrado donde se hallaba la Luz del Conocimiento. Se decía que quien alcanzara su cima obtendría la verdad absoluta. Movido por su deseo de sabiduría, emprendió el viaje.

En su camino, encontró tres guardianes que custodiaban el ascenso.

El primer guardián era un anciano de mirada penetrante. Le entregó un espejo y le dijo:

—Si quieres subir, primero debes ver quién eres realmente.

El guerrero miró su reflejo y vio todos sus defectos, sus miedos y sus debilidades. Sintió vergüenza, pero en vez de huir, decidió aceptar su verdad. El anciano sonrió y lo dejó pasar.

Más adelante, encontró al segundo guardián, una mujer de voz serena, quien le preguntó:

—¿A qué estás dispuesto a renunciar para alcanzar la luz?

El guerrero sintió que su corazón se aferraba a muchas cosas: su orgullo, su pasado, sus deseos. Comprendió que debía soltar todo lo que lo retenía. Así lo hizo, y la mujer le permitió continuar.

Finalmente, llegó al tercer guardián, un niño de mirada inocente.

—Para cruzar, debes confiar en el fuego—dijo el niño, señalando un puente de llamas.

El guerrero dudó. El fuego podía destruirlo, pero también podía purificarlo. Confiando en su espíritu, avanzó a través de las llamas sin miedo. Al cruzar, la montaña desapareció, y en su interior sintió que la luz siempre había estado dentro de él.

El despertar del fuego interior

El guerrero de la parábola representa a cada ser humano en busca de la verdad. La montaña es el camino hacia la iluminación. Los tres guardianes son las pruebas del espíritu: conocerse a uno mismo, desprenderse de lo innecesario y confiar en el fuego purificador.

Quien se atreve a recorrer este sendero descubre que la luz no está en un lugar lejano, sino en su propia esencia. La verdadera montaña no se sube con los pies, sino con el alma.

Reserva derechos de autor.

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