Me gustan mucho tus ojos; tal vez porque son tuyos,
o quizás porque de por sí son hermosos.
Da igual, de todas formas, no puedo dejar de pensar en ellos.
Muy bien lo escribió Cortázar:
“Siempre fuiste mi espejo, quiero decir, que para verme tenía que mirarte”
aunque es en este caso entendido de una manera literal.
Tus grandes y divinos ojos oscuros
son los que permiten que seas mi espejo,
y créeme que no hay mayor maravilla en esta vida
que verme reflejado en alguien tan sensacional como tú.