Con el mentón caído sobre la mano ruda, el Pensador se acuerda que es carne de l… carne fatal, delante del destino desnuda… carne que odia la muerte, y tembló de be… Y tembló de amor, toda su primavera ardi…
Cruz que ninguno mira y que todos sentim… la invisible y la cierta como una ancha… dormimos sobre ti y sobre ti vivimos; tus dos brazos nos mecen y tu sombra nos… El amor nos fingió un lecho, pero era
Cristo, el de las carnes en gajos abiert… Cristo, el de las venas vaciadas en ríos… estas pobres gentes del siglo están muer… de una laxitud, de un miedo, de un frío! A la cabecera de sus lechos eres,
Raza judía, carne de dolores, raza judía, río de amargura: como los cielos y la tierra, dura y crece aún tu selva de clamores. Nunca han dejado orearse tus heridas;
El sol de Abril aun es ardiente y bueno y el surco, de la espera, resplandece; pero hoy no llenes l’ansia de su seno, porque Jesús padece. No remuevas la tierra. Deja, mansa
Ruth moabita a espigar va a las eras, aunque no tiene ni un campo mezquino. Piensa que es Dios dueño de las pradera… y que ella espiga en un predio divino. El sol caldeo su espalda acuchilla,
Me acuerdo de tu rostro que se fijó en m… mujer de saya azul y de tostada frente, que en mi niñez y sobre mi tierra de amb… vi abrir el surco negro en un abril ardi… Alzaba en la taberna, honda, la copa imp…
La mujer que no mece a un hijo en el reg… cuyo calor y aroma alcance a sus entraña… tiene una laxitud de mundo entre los bra… todo su corazòn congoja inmensa baña. El lirio le recuerda unas sienes de infa…
Como escuchase un llanto, me paré en el… y me acerqué a la puerta del rancho del… Un niño de ojos dulces me miró desde el… ¡Y una ternura inmensa me embriagó como… La madre se tardó, curvada en el barbech…
Pecho, el de mi Cristo, más que los ocasos, más, ensangrentado: ¡desde que te he visto mi sangre he secado!
Tengo ha veinte años en la carne hundido —y es caliente el puñal— un verso enorme, un verso con cimeras de pleamar. De albergarlo sumisa, las entrañas
Amado Nervo, suave perfil, labio sonrie… Amado Nervo, estrofa y corazón en paz: mientras te escribo, tienes losa sobre l… baja en la nieve tu mortaja inmensamente y la tremenda albura cayó sobre tu faz.
El invierno rodará blanco, sobre mi triste corazón. Irritará la luz del día; me llegaré en toda canción. Fatigará la frente el gajo
A beber luz en la colina, te pusieron por lirio abierto, y te cae una mano fina hacia el álamo de mi huerto. Y he venido a vivir mis días
¡Pobre amigo!, yo nunca supe de tu semblante ni tu voz; sólo tus versos me contaron que en tu lírico corazón la paloma de los veinte años
Creo en mi corazón, ramo de aromas que mi Señor como una fronda agita, perfumando de amor toda la vida y haciéndola bendita. Creo en mi corazón, el que no pide
Libros, callados libros de las estanterí… vivos en su silencio, ardientes en su ca… libros, los que consuelan, terciopelos d… y que siendo tan tristes nos hacen la al… Mis manos en el día de afanes se rindier…
No cantes; siempre queda a tu lengua apegado un canto: el que debió ser entregado. No beses: siempre queda, por maldición extraña,
Mirando la alameda, de otoño lacerada, la alameda profunda de vejez amarilla, como cuando camino por la hierba segada busco el rostro de Dios y palpo su mejil… Y en esta tarde lenta como una hebra de…
Y ella no está y por más que hay sol y p… es la verdad que soy más pobre que mendi… Aunque en Febrero esponjándose las parv… el sol es menos sol y menos luz la espig… Era la mansa, la silenciosa, la escondid…
Flor, flor de la raza mía, Sombra Inqui… ¡qué dulce y terrible tu evocación! El perfil de éxtasis, llama la silueta, las sienes de nardo, l’habla de canción. Cabellera luenga de cálido manto,
¡Boca temblorosa, boca de canción: boca, la de Teócrito y de Salomón! La mayor caricia
La maestra era pura. “Los suaves hortel… decía, “de este predio, que es predio de… han de conservar puros los ojos y las ma… guardar claros sus óleos, para dar clara… La maestra era pobre. Su reino no es hu…
Esta alma de mujer, viril y delicada, dulce en la gravedad, severa en el amor, es una encina espléndida de sombra perfu… por cuyos brazos rudos trepara un mirto… Pasta de nardos suaves, pasta de robles…
Corro de las niñas corro de mil niñas a mi alrededor: ¡oh Dios, yo soy dueña de este resplandor!
En este nuevo día que me concedes ¡oh Señor! dame mi parte de alegría y haz que consiga ser mejor. Dame Tú el don de la salud,
Piececitos de niño, azulosos de frío, ¡cómo os ven y no os cubren, ¡Dios mío! ¡Piececitos heridos
Manitas de los niños, manitas pedigüeñas, de los valles del mundo sois dueñas. Manitas de los niños
Ovejas blancas, dulces ovejas de vellone… que se inflan como un tul: asomáis, cual mujeres, los rostros pregu… tras la colina azul Se diría que el cielo o el tiempo consul…
Ha bajado la nieve, divina criatura, el valle a conocer. Ha bajado la nieve, mejor que las estrel… ¡Mirémosla caer! Viene calla—callando, cae y cae a las pu…
Abramos la dulce tierra con amor, con mucho amor; es éste un acto que encierra, de misterios, el mayor. Cantemos mientras el tallo
Árbol hermano, que clavado por garfios pardos en el suelo, la clara frente has elevado en una intensa sed de cielo; hazme piadoso hacia la escoria
¡Dulce Señor, por un hermano pido, indefenso y hermoso: ¡por el nido! Florece en su plumilla el trino; ensaya en su almohadita el vuelo. ¡Y el canto dices que es divino
Doña Primavera viste que es primor, viste en limonero y en naranjo en flor. Lleva por sandalias
El surco está abierto, y su suave hondor bajo el sol semeja una cuna ardiente ¡Oh, labriego, tu obra es grata al Seño… ¡Echa la simiente! Nunca, nunca, el hambre, negro segador,…
Ojitos de las estrellas abiertos en un oscuro terciopelo: de lo alto, ¿me veis puro? Ojitos de las estrellas,
Verano, verano rey, obrero de mano ardiente, sé para los segadores ¡dueño de hornos! más clemente. Inclinados sobre el oro
Padre: has de oír este decir que se me abre en los labios como flor..… Te llamaré Padre, porque
Es verdad, no es cuento. Hay un Ángel Guardián que ve tu acción y ve tu pensamiento, que con los niños va doquiera van. Tiene cabellos suaves
Caperucita Roja visitará a la abuela que en el poblado próximo sufre de extra… Caperucita Roja, la de los rizos rubios… tiene el corazoncito tierno como un pana… A las primeras luces ya se ha puesto en…
¡Noel, el de la noche del prodigio, Noel de barbas caudalosas, Noel de las sorpresas delicadas y las sandalias sigilosas! Esta noche te dejo mi calzado
Madre, madre, tú me besas, pero yo te beso más, y el enjambre de mis besos no te deja ni mirar... Si la abeja se entra al lirio,
Madrecita mía, madrecita tierna, déjame decirte dulzuras extremas. Es tuyo mi cuerpo
Madre, cuando sea grande, ¡ay..., qué mozo el que tendrás! Te levantaré en mis brazos, como el zonda al herbazal. O te acostaré en las parvas
Las madres contando batallas sentadas están al umbral. Los niños se fueron al campo, la roja amapola a cortar. Se han puesto a jugar a los ecos
¿En dónde tejemos la ronda? ¿La haremos a orillas del mar? El mar danzará con mil olas haciendo una trenza de azahar. ¿La haremos al pie de los montes?
¡Oh! Creador, bajo tu luz cantamos porque otra vez nos vuelves la esperanza… Como los surcos de la tierra alzamos la exhalación de nuestras alabanzas. Gracias a Ti por el glorioso día
Le he encontrado en el sendero. No turbó su ensueño el agua ni se abrieron más las rosas; abrió el asombro mi alma. ¡Y una pobre mujer tiene
Anda libre en el surco, bate el ala en e… late vivo en el sol y se prende al pinar… No te vale olvidarlo como al mal pensami… ¡le tendrás que escuchar! Habla lengua de bronce y habla lengua de…
Si yo te odiara, mi odio te daría en las palabras, rotundo y seguro; pero te amo y mi amor no se confía a este hablar de los hombres, tan oscuro… Tú lo quisieras vuelto en alarido,
Ahora, Cristo, bájame los párpados, pon en la boca escarcha, que están de sobra ya todas las horas y fueron dichas todas las palabras. Me miró, nos miramos en silencio
Tú no oprimas mis manos. Llegará el duradero tiempo de reposar con mucho polvo y sombra en los entretejidos dedos. Y dirías: «No puedo
La tierra se hace madrastra si tu alma vende a mi alma. Llevan un escalofrío de tribulación las aguas. El mundo fue más hermoso
Como soy reina y fui mendiga, ahora vivo en puro temblor de que me dejes, y te pregunto, pálida, a cada hora: «¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!… Quisiera hacer las marchas sonriendo
Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa como la hierba a que bajó el rocío, y desconocerán mi faz gloriosa las altas cañas cuando baje al río. Tengo vergüenza de mi boca triste,
Él pasó con otra; yo le vi pasar. Siempre dulce el viento y el camino en paz. ¡Y estos ojos míseros
En esta hora, amarga como un sorbo de ma… Tú sosténme, Señor. ¡Todo se me ha llenado de sombras el cam… y el grito de pavor! Amor iba en el viento como abeja de fueg…
Padre Nuestro, que estás en los cielos, ¡por qué te has olvidado de mí! Te acordaste del fruto en febrero, al llagarse su pulpa rubí. ¡Llevo abierto también mi costado,
Del nicho helado en que los hombres te p… te bajaré a la tierra humilde y soleada. Que he de dormirme en ella los hombres n… y que hemos de soñar sobre la misma almo… Te acostaré en la tierra soleada con una
¿Cómo quedan, Señor, durmiendo los suic… ¿Un cuajo entre la boca, las dos sienes… las lunas de los ojos albas y engrandeci… hacia un ancla invisible las manos orien… ¿O Tú llegas después que los hombres se…