Hoy es un día de rosas y promesas,
de cartas perfumadas y labios que tiemblan,
pero en mi pecho solo hay sombras,
y un eco de amores que ya no me recuerdan.
Las calles se visten de abrazos furtivos,
de miradas que encuentran su hogar en los ojos,
y yo camino como un náufrago errante,
con el frío besándome los hombros.
No hay manos que busquen las mías,
ni un susurro que apague mi pena,
solo el viento me habla en murmullos,
solo el tiempo me abraza en su ausencia.
Hoy no hay nombres que endulcen mi boca,
ni un latido que altere mi calma,
y aunque el mundo celebre su dicha,
yo brindo en silencio con copas sin alma.