Francisco de Quevedo

Salmo XVII: Desengaño de la brevedad y certeza de la muerte

Miré los muros de la Patria mía,
Si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
De larga edad y de vejez cargados,
Obedeciendo a el tiempo y muerte fría.
 
Salíme al Campo y vi que el Sol bebía
Los arroyos del yelo desatados,
Y de un Monte quejosos los ganados
Porque en sus sombras dio licencia a el día.
 
Entré en mi Casa y vi cómo, cansada,
Entregaba a los años sus despojos.
Hallé mi espada de la misma suerte.
 
Vide mi ropa de servir cansada,
Y no hallé cosa en que poner los ojos
Que no me diese nuevas de la muerte.

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