Sólo una temporada provisoria, tatuaje de incontables tradiciones, oscuro mausoleo donde empieza a existir el futuro, a hacerse piedra. Nada aquí, nada allá. Son las palabras
La noche es inhumana. Nadie sabe cómo se cierra esa ventana oscura si no lo hace con su propia llave, replegado en su sombra y sin usura, con la memoria más que nunca alerta,
El dolor es una desértica provincia donde no cabe nadie más una parcela
Arrinconado en mis plegarias buenas e inútiles, soberbio en mis acciones que a nadie arriman ley o quitan penas, aislado espectador de mis histriones, histrión yo mismo como un árbol seco
Estás alicaído, estás dudando, no te alcanzan las pruebas ni las preces… cada Dónde te ofusca, cada Cuándo. Recorres el confort, las estrecheces que quedaron atrás y es razonable
Todo campo es el nuestro por ejemplo está éste verde dispuesto verde los surcos y los surcos
Así estamos consternados rabiosos aunque esta muerte sea uno de los absurdos previsibles da vergüenza mirar
Al principio eras niño como yo pero mucho más ágil no sólo me advertías de la baldosa floja
Seguramente nunca habrías escrito: «Un siglo es un instante». Menos aún: «Cien años, qué locura». Eso sí, habrías aporreado el clavecín ri… hasta arrancarle la nota que buscabas,