La rosa del amor y del consuelo
floreció, esplendorosa, entre tu mano,
y a tu acento el dios rudo del pagano
dejó el Olimpo y se estrelló en el suelo.
De la existencia en el mortal desvelo
fuiste un rayo de luz sobre lo humano
y en el lodo podrido del pantano
tu piedad derramó flores de cielo...
Alumbró tu pupila nazarena
la noche del dolor y de la pena;
secaste llantos, disipaste dudas,
bajaste de la vida a lo profundo
¡y al fin hallaste la maldad del mundo
en el rastrero corazón de Judas!