¿Prólogo? Sí. Prólogo... Pero nada grave, porque estas primeras p… verdes, como ramas jóvenes. Realmente, yo soy partidario de colocar… epílogos. Y en todo caso, dejar los epíl…
¡Aquí estamos! La palabra nos viene húmeda de los bosqu… Y un sol enérgico nos amanece entre las… El puño es fuerte Y tiene el remo.
Ésta es la canción del bongó: —Aquí el que más fino sea, responde, si llamo yo. Unos dicen: Ahora mismo, otros dicen: Allá voy.
Tus guantes puestos en la punta de tu cuerpo de ardi… y el punch de tu sonrisa. El Norte es fiero y rudo, boxeador. Ese mismo Broadway,
Con el círculo ecuatorial ceñido a la cintura como a un pequeño mu… la negra, la mujer nueva, avanza en su ligera bata de serpiente. Coronada de palmas
De tus manos gotean las uñas, en un manojo de diez uvas mora… Piel, carne de tronco quemado, que cuando naufraga en el espejo, ahúma
Tu vientre sabe más que tu cabeza y tanto como tus muslos. Ésa es la fuerte gracia negra de tu cuerpo desnudo.
¡Yambambó, yambambé! Repica el congo solongo, repica el negro bien negro; congo solongo del Songo baila yambó sobre un pie.
La rumba revuelve su música espesa con un palo. Jengibre y canela... ¡Malo!
Chévere del navajazo, se vuelve él mismo navaja: Pica tajadas de luna, mas la luna se le acaba; pica tajadas de canto,
Quemaste la madrugada con fuego de tu guitarra: zumo de caña en la jícara de tu carne prieta y viva, bajo luna muerta y blanca.
El sol a plomo. Un hombre va al pie del organillo. Manigueta: «Epabílate, mi conga, mi conga...» Ni un quilo en los bolsillos,
¡Quirino con su tres! La bemba grande, la pasa dura, sueltos los pies, y una mulata que se derrite de sabrosura…
El negro junto al cañaveral. El yanqui sobre el cañaveral. La tierra
Te voy a beber de un trago, como una copa de ron; te voy a echar en la copa de un son, prieta, quemada en ti misma,
¡Ah, qué pedazo de sol, carne de mango! Melones de agua, plátanos.