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Por una vereda venía Don Pedro. ¡Ay cómo lloraba el caballero! Montado en un ágil
Tierra seca, tierra quieta de noches inmensas. (Viento en el olivar,
La Tarara, sí; la tarara, no; la Tarara, niña, que la he visto yo. Lleva la Tarara
La canción, que nunca diré, se ha dormido en mis labios. La canción, que nunca diré.
Silencio de cal y mirto. Malvas en las hierbas finas. La monja borda alhelíes sobre una tela pajiza. Vuelan en la araña gris,
La señorita del abanico, va por el puente del fresco río. Los caballeros
Córdoba. Lejana y sola. Jaca negra, luna grande, y aceitunas en mi alforja. Aunque sepa los caminos
En la redonda encrucijada, seis doncellas bailan. Tres de carne
Tú nunca entenderás lo que te quie… porque duermes en mí y estás dormi… Yo te oculto llorando, perseguido por una voz de penetrante acero. Norma que agita igual carne y luce…
Cristo moreno pasa de lirio de Judea a clavel de España. ¡Miradlo por dónde viene!
El mariquita se peina en su peinador de seda. Los vecinos se sonríen en sus ventanas postreras. El mariquita organiza
En la torre amarilla, dobla una campana. Sobre el viento amarillo,
No te conoce el toro ni la higuera… ni caballos ni hormigas de tu casa… No te conoce el niño ni la tarde porque te has muerto para siempre. No te conoce el lomo de la piedra,
La cruz. (Punto final del camino.) Se mira en la acequia. (Puntos suspensivos.)