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Mi corazón oprimido Siente junto a la alborada El dolor de sus amores Y el sueño de las distancias. La luz de la aurora lleva
En la mitad del barranco las navajas de Albacete, bellas de sangre contraria, relucen como los peces. Una dura luz de naipe
La elipse de un grito, va de monte a monte. Desde los olivos será un arco iris negro
La cruz. (Punto final del camino.) Se mira en la acequia. (Puntos suspensivos.)
La señorita del abanico, va por el puente del fresco río. Los caballeros
Los caballos negros son. Las herraduras son negras. Sobre las capas relucen manchas de tinta y de cera. Tienen, por eso no lloran,
¡Mi soledad sin descanso! Ojos chicos de mi cuerpo y grandes de mi caballo, no se cierran por la noche ni miran al otro lado,
¡Oh, qué grave medita la llama del candil! Como un faquir indio mira su entraña de oro y se eclipsa soñando
Tienen gotas de rocío las alas del ruiseñor, gotas claras de la luna cuajadas por su ilusión. Tiene el mármol de la fuente
El campo de olivos se abre y se cierra como un abanico. Sobre el olivar
Sobre el monte pelado un calvario. Agua clara y olivos centenarios. Por las callejas
En Viena hay diez muchachas, un hombro donde solloza la muerte y un bosque de palomas disecadas. Hay un fragmento de la mañana en el museo de la escarcha.
La primera vez no te conocí. La segunda, sí. Dime si el aire te lo dice.
Quiero dormir el sueño de las manz… alejarme del tumulto de los cement… Quiero dormir el sueño de aquel ni… que quería cortarse el corazón en… No quiero que me repitan que los m…
La Tarara, sí; la tarara, no; la Tarara, niña, que la he visto yo. Lleva la Tarara