Si las páginas de este libro consienten algún verso feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente. Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la...
Las calles de Buenos Aires ya son mi entraña. No las ávidas calles, incómodas de turba y ajetreo, sino las calles desganadas del barrio,
Convencidos de caducidad por tantas nobles certidumbres del polvo… nos demoramos y bajamos la voz entre las lentas filas de panteones, cuya retórica de sombra y de mármol
Desde uno de tus patios haber mirado las antiguas estrellas, desde el banco de la sombra haber mirado esas luces dispersas
Penumbra de la paloma llamaron los hebreos a la iniciación de… cuando la sombra no entorpece los pasos y la venida de la noche se advierte como una música esperada y antigua,
En busca de la tarde fui apurando en vano las calles. Ya estaban los zaguanes entorpecidos de… Con fino bruñimiento de caoba la tarde entera se había remansado en la…
Cuarenta naipes han desplazado a la vida… Pintados talismanes de cartón nos hacen olvidar nuestros destinos y una creación risueña va poblando el tiempo robado
Con la tarde se cansaron los dos o tres colores del p… Esta noche, la luna, el claro círculo, no domina su espacio. Patio, cielo encauzado.
Dilató su valor sobre los Andes. Contrastó montañas y ejércitos. La audacia fue costumbre de su espada. Impuso en la llanura de Junín término venturoso a la batalla
La rosa, la inmarcesible rosa que no canto, la que es peso y fragancia, la del negro jardín en la alta noche, la de cualquier jardín y cualquier tarde…
Nadie vio la hermosura de las calles hasta que pavoroso en clamor se derrumbó el cielo verdoso en abatimiento de agua y de sombra. El temporal fue unánime
Los muebles de caoba perpetúan entre la indecisión del brocado su tertulia de siempre. Los daguerrotipos mienten su falsa cercanía
En la sala tranquila cuyo reloj austero derrama un tiempo ya sin aventuras ni asombro sobre la decente blancura que amortaja la pasión roja de la caoba,
Ni el pormenor simbólico de reemplazar un tres por un dos ni esa metáfora baldía que convoca un lapso que muere y otro qu… ni el cumplimiento de un proceso astronó…
Más vil que un lupanar la carnicería rubrica como una afrenta l… Sobre el dintel una ciega cabeza de vaca preside el aquelarre
El arrabal es el reflejo de nuestro tedi… Mis pasos claudicaron cuando iban a pisar el horizonte y quedé entre las casas, cuadriculadas en manzanas
Libre de la memoria y de la esperanza, ilimitado, abstracto, casi futuro, el muerto no es un muerto: es la muerte. Como el Dios de los místicos, de Quien deben negarse todos los predica…
Zanjones, sierras ásperas, médanos, sitiados por jadeantes singladuras y por las leguas de temporal y de arena
No arriesgue el mármol temerario gárrulas transgresiones al todopoder del… enumerando con prolijidad el nombre, la opinión, los acontecimient… Tanto abalorio bien adjudicado está a la…
Al cabo de los años del destierro volví a la casa de mi infancia y todavía me es ajeno su ámbito. Mis manos han tocado los árboles como quien acaricia a alguien que duerme
Siempre es conmovedor el ocaso por indigente o charro que sea, pero más conmovedor todavía es aquel brillo desesperado y final que herrumbra la llanura
En la honda noche universal que apenas contradicen los faroles una racha perdida ha ofendido las calles taciturnas como presentimiento tembloroso
Falsa y tupida como un jardín calcado en un espejo, la imaginada urbe que no han visto nunca mis ojos entreteje distancias
Habré de levantar la vasta vida que aún ahora es tu espejo: cada mañana habré de reconstruirla. Desde que te alejaste, cuántos lugares se han tornado vanos
Se abre la verja del jardín con la docilidad de la página que una frecuente devoción interroga y adentro las miradas no precisan fijarse en los objetos
Olorosa como un mate curado la noche acerca agrestes lejanías y despeja las calles que acompañan mi soledad, hechas de vago miedo y de largas líneas.
El poniente impecable en esplendores quebró a filo de espada las distancias. Suave como un sauzal está la noche. Rojos chisporrotean los remolinos de las bruscas hogueras;
Los patios y su antigua certidumbre, los patios cimentados en la tierra y el cielo. Las ventanas con reja desde la cual la calle
Afuera hay un ocaso, alhaja oscura engastada en el tiempo, y una honda ciudad ciega de hombres que no te vieron. La tarde calla o canta.
Como quien recorre una costa maravillado de la muchedumbre del mar, albriciado de luz y pródigo espacio, yo fui el espectador de tu hermosura durante un largo día.
La clara muchedumbre de un poniente ha exaltado la calle, la calle abierta como un ancho sueño hacia cualquier azar. La límpida arboleda
El poniente de pie como un Arcángel tiranizó el camino. La soledad poblada como un sueño se ha remansado alrededor del pueblo. Los cencerros recogen la tristeza
Entre mi amor y yo han de levantarse trescientas noches como trescientas pare… y el mar será una magia entre nosotros. No habrá sino recuerdos. Oh tardes merecidas por la pena,
Silenciosas batallas del ocaso en arrabales últimos, siempre antiguas derrotas de una guerra… albas ruinosas que nos llegan desde el fondo desierto del espacio